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LA PASIÓN FUTBOLERA DE LOS MÚSICOS

La pasión por el futbol y por la música no son excluyentes, más bien podríamos decir que la emoción deportiva ha inspirado a compositores que alternaban el trabajo con algún partido, muchas veces entre colegas.

Así, la consonancia entre ambas actividades hizo que algunas melodías pasen a formar parte de las canciones que la tribuna entona para alentar a los equipos en la cancha y, por ejemplo, que la música de un compositor del s. XVIII suene hoy en los estadios. Nos referimos a la célebre adaptación realizada al himno Zadok the priest (1727), de George Frideric Händel, músico alemán que vivió y trabajó muchos años en Inglaterra y fue muy admirado por todos los ingleses. Este himno es uno de los cuatro que Händel compuso por encargo del rey Jorge II para su coronación; se estrenó en 1750 y en él Händel recurrió al texto bíblico donde se relata la unción del rey Salomón (“Dios salve al rey, larga vida al rey”). En 1992 cuando el compositor inglés Tony Britten (1956) recibió el encargo de hacer el Himno de la Liga Europea de Campeones eligió la obra de Händel y, con solo cambiar la letra, se convirtió en un éxito, o mejor dicho, en un gol de media cancha.

Estas adaptaciones son un gran honor para un músico entusiasta del fútbol como fue el inglés Edward Elgar (1857-1934) cuya obra Pompa y Circunstancia siguió los mismos pasos que los himnos de Händel. Se trata de cinco marchas para orquesta, la primera de las cuales, Land of hope and glory, se adaptó para la coronación de Enrique VII en 1902 y hoy su letra alienta a los Wanderers, el equipo favorito de este compositor.

Además, para algunos estudiosos, la primera canción especialmente escrita para eventos futbolísticos es He banged the leather for goal (1888) que Elgar dedicó al goleador de los Wanderers, pero no se sabe si se entonó en algún partido. Sin embargo, todavía no hay total certeza acerca de cuál fue la primera porque otros revisores se inclinan por On the ball City de 1890, compuesta en la ciudad inglesa de Norwich y pocos años después adoptada por los fanáticos del club de fútbol local, el Norwich City Football Club, fundado en 1905.

También nos interesan aquellas composiciones originales inspiradas en el fútbol si bien no fueron escritas para la cancha.

“El fútbol es el ballet de las masas”, dijo el compositor ruso Dimitri Shostakovich alguna vez y lo utilizó para representar un enfrentamiento entre los valores soviéticos y las injusticias del sistema capitalista de occidente en su obra Dinamiada (1929) en honor al equipo Dínamo de Moscú. Por entonces todavía reinaba una relativa libertad creativa en Rusia si bien el arte debía servir de propaganda al nuevo régimen; pese a su temática, la obra tuvo poco éxito y recién en 1982 se volvió a presentar ahora como La edad dorada y con el libreto modificado. Se trata de un ballet donde participan, entre otros personajes, un equipo de fútbol soviético y obreros en huelga; en él, se pone en juego corrupción, seducción y honor por medio de danzas rusas, música de jazz, un ballet acrobático y un gran toque de ironía y humor. Podríamos decir que Shostakovich era el rey de las gambetas, pues logró sortear las dificultades políticas, salvar su vida, componer y amar el fútbol hasta el último de sus días; precisamente, fue antes de un partido en 2016 que se escuchó parte de su Sinfonía n°7 Leningrado como homenaje del club homónimo a su hincha. Shostakovich amaba la libertad de expresarse que le permitía un partido de fútbol, “en el que se puede gritar no solo a favor, sino también en contra de algo”.

Esta música no le rinde homenaje a los goles y tampoco es la que entona espontáneamente la tribuna, más bien está lejos de todo el fervor futbolero en vivo; sin embargo, recupera la esencia del juego, sus estrategias, los ritmos y el devenir, la emoción, las intensidades y tensiones.




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