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TRIANGULAR

¿Quién no se ha preguntado alguna vez qué hacen los percusionistas? Nos referimos a esos músicos que suelen estar en un segundo plano del escenario, se trate del baterista de rock o de música comercial como de los multifacéticos intérpretes de timbales, placas y accesorios de la orquesta sinfónica.

El gran número de bromas al respecto es señal de que no han pasado desapercibidos para el público y ha llegado a oídos de sus protagonistas quienes participan del humor de diferentes formas: a veces se lucen con unos pocos compases y despiertan el fervor de sus fans rockeros, lo que es casi un ritual muy esperado en los recitales del grupo norteamericano Foo Fighter; otras veces le agregan un gran toque de humor a un concierto sinfónico cuando el músico, además, cuenta con dotes actorales o bien, le quitan solemnidad a la presentación de alguna orquesta escolar.

Como se muestra en estos ejemplos, se trata de intérpretes de triángulo, un antiguo instrumento de metal que ha ido modificando su tamaño y perdiendo los anillos que en origen se le agregaban; en muchos casos recuerda a la música militar pues de allí proviene y siempre forma parte de las bandas, como podemos apreciar en esta presentación del Regimiento de Granaderos Argentinos. Dentro del repertorio clásico, tal vez la pieza más conocida es la Marcha Turca de Mozart durante la cual el triángulo tiene una intervención sostenida; originalmente esta obra era un movimiento de una sonata compuesta a fines del siglo XVIII, aunque frecuentemente la escuchemos en forma aislada. Poco después, en 1849, el compositor húngaro Franz Liszt usó este instrumento de forma destacada y ya no en música de carácter militar sino en el tercer movimiento de su Concierto para piano n°1, un Allegretto donde se luce en un diálogo casi solista con el piano.

A partir de estas primeras obras, el triángulo obtuvo su lugar en la percusión de la orquesta sinfónica y allí continúa. Con un diseño tan simple, este pequeño instrumento tiene una sonoridad muy brillante que atraviesa el escenario y alcanza todos los puntos del espacio, así, un mínimo desajuste es fácilmente perceptible; por otra parte, si bien parece muy sencillo de tocar no lo es o al menos resulta difícil conformar a directores de la talla de Leonard Bernstein.

Lejos de pensar que haya perdido vigencia, encontramos que ha ganado interés en la actualidad porque los compositores comenzaron a explorar en sus obras formas de lograr más recursos tímbricos y para ello también se hizo necesaria una técnica de interpretación más sofisticada. Un caso emblemático de ambas búsquedas es el compositor experimentalista norteamericano Alvin Lucier a quien le interesaba mucho la amplificación de la voz, de los instrumentos e incluso de las ondas cerebrales; en 1988 incluyó al triángulo entre esas propuestas de amplificación y le dedicó una obra como solista llamada Silver Streetcar for the Orchestra. En ella, el sonido de un golpeteo constante de la baqueta sobre el instrumento es coloreado y variado con toques muy sensibles de los dedos de la otra mano hasta que al final lo silencia completamente.

La aparente sencillez suele esconder un buen grado de experticia y para muestra, basta el ejemplo del triángulo.


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