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TENIS Y ALGO MÁS

Solemos pensar en el tenis como un deporte de elite, con un prestigio que lo diferencia, por ejemplo, del futbol; esto tiene su razón de ser pues, si bien no es una práctica tan antigua como este, ya desde hace un par de siglos las clases europeas más acomodadas lo practicaban como pasatiempo.

Así lo han retratado numerosos pintores y en general son escenas bucólicas y placenteras que inspiraron a músicos románticos, como es el caso del sueco Wilhelm Petersen-Berger quien compuso tres álbumes de piezas para piano llamados Frösöblomster; en el primero de ellos (1896, op. 16), incluye la obra Lawn Tennis, donde evoca ese clima apacible y ocioso.

Sin embargo, el compositor Jean Sibelius, su vecino finlandés y contemporáneo, veía otras cosas en un partido de tenis entre burgueses aficionados y encontró que la poesía de un compatriota, Gustav Fröding, lo expresaba perfectamente. Compuso su canción Tenis en Trianon (1899, op. 36) con letra del poema homónimo de Fröding; a modo de crítica social, en él se da cuenta de la tremenda desigualdad entre “las narices fruncidas, altivas y coquetas” de los jugadores y “el hijo de la escoria” encargado de recoger las pelotas entre los árboles, un sirviente silencioso que no dejaba ver más que su “cabeza, gruesa y ancha”. Sibelius con su música nos lleva por este relato trazando un arco expresivo que va desde la ligereza al dramatismo por medio de climas y texturas contrastantes y tensiones armónicas.

El músico francés Claude Debussy tomó esa idea de tenistas que “Juegan a la inocencia y al baile del pastor” (como lo describe Fröding) y la llevó al ballet con un poco más de audacia o al menos con la suficiente provocación para escandalizar a su público. La descripción del escenario dice: "La escena ocurre en un jardín al anochecer; una pelota de tenis se ha perdido; un muchacho y dos muchachas la buscan" hasta que "otra pelota de tenis es traviesamente lanzada dentro por una mano desconocida. Sorprendidos y alarmados, el muchacho y las muchachas desaparecen en las profundidades nocturnas del jardín". Nos referimos a Juegos (1912-13), el “poema bailado” que se estrenó en París con coreografía del bailarín ruso Vaslav Nijinsky; desde la pelota que entra al escenario y da comienzo a la obra hasta la última bola que la cierra, escuchamos una música sugerente que introduce el misterio a la vez que acompaña la diversión y vemos cómo los personajes se sumergen en su propio juego con connotaciones eróticas, desplegando una danza insinuante pero también innovadora. Como era de esperar, la crítica atacó duramente la cuestión moral y la técnica por lo cual esta obra hoy canónica, resultó en su época un fracaso.

Por esos mismos años, Erik Satie, otro compositor francés acostumbrado a los fracasos y con un gran sentido del humor, también se fijó en este deporte y lo incluyó en su obra Sports et divertissements (Deportes y pasatiempos) un conjunto de veinte piezas para piano que comienza con un Coral para quitar el apetito e incluye Tango, Pesca, Yatching pero también integran esta extraña lista Pulpo, Commedia dell’Arte y Fuegos artificiales, entre otros títulos. Tenis es la décima pieza, breve como las demás, contiene frases acerca del servicio y el juego. Pero las anotaciones de Satie no eran para que el público tuviera alguna referencia mientras escuchaba, sino para que el pianista prepare su interpretación. Ninguna de estas actividades que Satie incluye en su colección de piezas aparecen en sus alocados detalles de rutina diaria donde cuenta que practicaba natación y esgrima y disfrutaba de largas caminatas, aunque es difícil tomar como verdad sus palabras.

Esta obra fue escrita en los primeros meses de 1914, previo al desenlace de la primera guerra mundial, cuando una adinerada burguesía disponía de mucho tiempo libre y el tenis era todavía un deporte amateur; si bien muchos compositores lo practicaron, solo algunos se inspiraron en él para su música. Tal vez, como lo expresó el tenista Novak Djokovic, este deporte “lleva al desarrollo y el aprendizaje tanto en lo deportivo como en lo personal…”, ese algo más que brinda el juego a quienes lo practican.


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