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EL DIABLO METIÓ LA COLA


El desarrollo de habilidades técnicas es una faceta de la formación de todo intérprete, sea cantante o instrumentista; algunos han trascendido por su sorprendente nivel de dominio y se los reconoce como virtuosos. Claro que hay una importante dosis de práctica que sustenta ese desempeño y que hace que la actuación parezca fácil o como “por arte de magia”. Recordemos por ejemplo a mediados del s. XX la reunión del idolatrado Eric Clapton con un Jimmy Hendrix que recién se hacía conocer; este hecho trascendió como “El día que Hendrix mató a Dios” y sucedió en un bar de Londres en 1966.

Si bien según el testimonio de algunos presentes, Clapton reconoció que era “muy difícil tocar después de este genio”, los rumores de rivalidad son infaltables en cualquier encuentro de talentosos músicos; pero recordemos que Clapton siempre expresó su admiración por Hendrix y este llegó a Inglaterra con la sola idea de escuchar a Cream, el aclamado grupo de rock de Clapton. Sin embargo, el condimento de enemistad sumado al endiosamiento de los personajes fue un recurso bien aprovechado en literatura y cine y, como era de esperar, derivó en una forma de simbolizar la batalla entre el bien y el mal. Así vemos en la película Encrucijada (Crossroad, 1986, director: Walter Hill) el duelo que sostienen Steve Vai y Ry Cooder haciendo sonar las guitarras del joven bueno y de su endiablado contrincante.

En ese duelo se escuchan fragmentos de Niccoló Paganini, aquel virtuoso violinista del s. XIX que tocaba endemoniadamente el violín; es una de las figuras más legendarias del romanticismo, período del que heredamos esa imagen de un instrumentista poseído, de un ser humano con un don especial que lo hace diferente al resto de los mortales. El Paganini que describen crónicas de su época era una persona de energía desbordante y habilidades asombrosas que sumaba la teatralidad y la expresividad de su presencia en cada concierto con resultados impactantes: “Se balanceaba hacia delante y atrás como si estuviera bebido. Sus pies iban por libre y zapateaba con ellos, lanzaba los brazos al aire y después en otra dirección; los estiraba como si fueran alas y suplicaba al cielo, la tierra y a toda la humanidad para que le ayudaran en sus grandes designios”. De ahí a su tan mentado pacto con el diablo hay un paso.

Los duelos instrumentales, frecuentes en aquellos años, eran concursos que entretenían a la audiencia y además una oportunidad importante para darse a conocer pues, casi obligadamente cuando un músico llegaba a una ciudad, era una buena carta de presentación retar al más famoso y esperar que los presentes opinaran que lo había vencido; caso contrario, se recomendaba que el visitante continuara su viaje. Así fue que el entonces reconocido pianista Daniel Steibelt viajó a Viena para medirse con el imbatible Beethoven quien venció al desarrollar elaboradas variaciones sobre el tema que acababa de tocar su retador. También cuentan que a la mañana siguiente, Steibelt ya había abandonado la ciudad y donde fuera que brindara sus siguientes conciertos, se cercioraba de que no asistiese Beethoven. También se enfrentaron Muzio Clementi y W. A. Mozart (1781) y en esta ocasión los presentes dictaminaron un empate; pero así como Clementi reconoció la superioridad de Mozart, este utilizó material de una sonata de aquel en una de sus composiciones. Y así cantidad de duelos han sido documentados.

No siempre los contrincantes terminaban enemistados, por el contrario, a veces gracias a un duelo, se conocían y admiraban mutuamente e incluso luego de un duelo a muerte que por suerte no se cobró ninguna vida. Sucedió en el s. XVIII, Mattheson y Händel eran músicos jóvenes, conciudadanos y no se toleraban al punto que una noche, luego del estreno de una ópera Mattheson y de una fuerte discusión, decidieron abandonar el teatro y recurrir a las espadas. Händel fue abatido pero cuentan que salvó su vida porque la estocada dio contra un botón de metal de su chaqueta, otros sostienen que fue contra la gruesa partitura de la ópera que el pícaro Händel escondió bajo su ropaje. Como sea, luego de esa noche fueron amigos, colegas y colaboradores por el resto de sus vidas.


Imagen: Planet Radio


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