…EL CRISTAL CON QUE SE MIRA

Uno de ellos es el músico argentino Oscar Edelstein (1953) quien explora la relación cristal-sonido en la creación de ilusiones sonoras en el espacio: junto al físico Manuel Eguía estrenaron la ópera de cámara Viaje a la Catedral de Santa Mónica de los Venados en la Sala Cristal Sónico (U.N.Q, 2019). En esta sala, paneles de cristal modifican el timbre de los instrumentos y desorientan a los oyentes acerca de su procedencia al transformar el espacio en instrumento de lo que su autor ha dado en llamar “teatro acústico”. Previo ingreso a la sala, y con el propósito de sensibilizar aún más la audición, los oyentes son demorados en una cámara ciega sin siquiera el auxilio de “la luz de un fósforo”.

En efecto, a través de la superficie del cristal es posible visualizar las ondas del sonido como se comprueba en las modificaciones que sufre una copa hasta romperse en pedazos cuando coinciden la duración, el volumen y la altura necesarios para provocar el estallido. Otro de los experimentos más conocidos pertenece a Ernst Chladni y en él es posible ver los diseños que forman las ondas vibratorias en la superficie de placas al modificar la altura del sonido; este científico alemán también inventó el eufonio (1790), un instrumento de metal que por entonces se fabricaba con láminas de vidrio y rodillos en su interior.

Entre fines del s. XVIII y principios del s. XIX se probó la construcción de instrumentos musicales con el cristal, así, la flauta traverso ganó los escenarios de la mano de virtuosos músicos que interpretaron en ella gran parte del repertorio de concierto de la época. Creada en 1806 por un relojero francés, Claude Laurent, circuló entre la nobleza y llegó al otro lado del Atlántico como obsequio de su inventor al presidente de los EEUU. Sin embargo, no causó tanta sorpresa y fascinación en el Nuevo Continente porque el país ya contaba con la conocida armónica de cristal, el primer instrumento de invención local que había sido ideado por Benjamin Franklin en 1761: en él, los dedos frotaban 37 copas de colores (según su afinación) montadas sobre un eje giratorio. Fue este mecanismo de rotación lo que diferenció el instrumento de Franklin de los juegos de copas musicales ingleses que circulaban por Europa y que hasta Mozart incluyó en el quinteto de su KV617.

Nuevamente los científicos se ubican en la vanguardia de la luthería musical en vidrio, un material valorado por su timbre claro y resonante que inducía a la ensoñación y la serenidad: “La vida es toda ilusión y un prisma es el corazón”, sentencia Cadícamo.

Las intensas búsquedas sonoras de las primeras décadas del 1800 no decayeron en el s. XX cuando el interés por nuevos timbres trajo a escena nuevamente al cristal, esta vez de la inventiva de dos artistas franceses, los hermanos Baschet, creadores -entre muchas obras más- del cristal Baschet, complejo instrumento de varillas que suenan por la fricción de los dedos húmedos, la misma técnica que su antecesora armónica de cristal. Los instrumentos Baschet se encuentran tal vez más cercanos a creaciones como las llamadas esculturas sonoras, parte de ese arte que desde mediados del ‘900 incorporó el sonido como un medio expresivo más.

Pero volviendo a la letra del tango, el final de la historia que cuenta “Duró tan poco... lo sé... como el fulgor que da un lucero...”. Y así fue también que la fragilidad del vidrio determinó la corta vida de estos instrumentos pero posicionó definitivamente al cristal entre los elementos de producción musical.


Imagen: Open Culture

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