BEETHOVEN MARCÓ TENDENCIA

En el s. XXI resulta casi imposible pensar el diario vivir lejos de la tecnología de punta por medio de la cual se resuelven problemas, fluyen las comunicaciones y es posible disfrutar de la música, entre otros placeres; salvando las distancias y el avance de la ciencia, esas fueron las ventajas de las que se sirvió Ludwig van Beethoven a principios del s. XIX, atento a cuanto dispositivo nuevo surgiera. Basta recordar que durante muchos años, Beethoven vivió atormentado por sus crecientes problemas auditivos por lo que no dudó en someterse a los más innovadores tratamientos médicos ni en echar mano a cantidad de objetos originales diseñados a tal fin pero que resultaron de escaso beneficio.

Fue de los primeros en utilizar el recientemente creado metrónomo y se fascinó con los autómatas y otros mecanismos de relojería que no han perdido vigencia al día de hoy. Este interés también se refleja en su obra: Beethoven compuso Cinco piezas para Spieluhr (WoO33, 1794-1800), se trata de un adagio, tres allegro y un menuetto breves y delicados para lo que tal vez fuera un reloj musical o un órgano mecánico de la época; las partituras fueron halladas luego de su muerte, se editaron para órgano en el s. XX y se transcribieron a muchos otros instrumentos. En verdad, los mecanos causaban asombro en toda la sociedad y especialmente aquellos que producían melodías ya que ofrecían la posibilidad de tenerlas guardadas y escucharlas en cualquier momento y lugar ¿Comenzaba la música a ser portátil? Probablemente se trate de los albores de la música grabada a lo cual Beethoven no fue indiferente.

Por entonces, la música había migrado de los salones de palacio a los teatros, un tránsito hacia la democratización de la cultura en sintonía con la época post revolucionaria; las salas de concierto eran espacios grandes y llenarlos de música fue un desafío que Beethoven enfrentó con cambios en el número y en los timbres de la orquesta y con un gesto musical grandioso. Progresivamente, Beethoven fue incrementando el número de instrumentistas para sus obras orquestales con lo cual no solo amplió el volumen sonoro sino el efecto dramático de los matices; también, dio más presencia a instrumentos que antes no tenían tanto protagonismo o bien que solo ocasionalmente habían integrado la orquesta de Haydn o Mozart pocos años antes, tal el caso del contrafagot, el clarinete, el oboe, el piccolo o los bronces. El resultado sonoro fue poderoso e impactante pese a que estos instrumentos aún no contaban con el mecanismo actual por lo cual las limitaciones técnicas para responder a la extensión de registro, las dinámicas y el virtuosismo que Beethoven escribía eran importantes. Algo semejante sucedió con el piano, una maquinaria en evolución constante que fue transformándose como también lo fue haciendo la obra para piano de Beethoven desde las primeras composiciones hasta el llamado período tardío; así puede escucharse en las dos últimas sonatas, n°31 op110 y n°32 op111(1821-2), de tres y dos movimientos respectivamente, en las que no dudó en aprovechar el potencial sonoro y explorar el teclado hasta el límite de las manos con fugas y variaciones .

Beethoven fue y es ineludible o, para utilizar un término de tecnología digital, podría pensarse en él como un influencer: eludiendo amiguismos, inauguró el difícil camino del trabajo profesional independiente con la defensa de derechos editoriales y la autogestión de conciertos, batallas tan actuales que agigantan hoy su ya popular figura; además, su música sorprendía por el desarrollo de las formas, el cambio de movimientos y gestos armónicos osados, entre otras innovaciones, al punto de ser corregida durante años por maestros y directores so pretexto de ajustarla al canon imperante. Con ella se forman y de ella se nutren músicos de las más diversas tendencias y culturas, no como culto al pasado sino como manantial que resuena en la sensibilidad de los oyentes del s. XXI.

Como bien sintetizan las palabras de Liszt, su legado es “Columna de humo para guiarnos de día, columna de fuego para guiarnos de noche…”.

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