ALICIA ES UNA MARAVILLA Y DA QUE HABLAR

Los libros de Alicia en el País de las Maravillas y Alicia a través del espejo fueron y siguen siendo fuente de inspiración para todo tipo de expresiones artísticas pues ya entre las primeras películas que se filmaron, una está dedicada a Alicia (Alice in the wonderland, 1903). A lo largo del tiempo, las diferentes artes han desarrollado libremente los personajes y situaciones del cuento original; así el video juego ha imaginado y explorado un posible lado siniestro de la historia (Madness Returns, 2011), las ilustraciones de Salvador Dalí para la edición 1969 del libro reflejaron la fantasía y extrañeza del cuento y el ballet se inclinó por mostrar la ternura propia de un relato infantil (Alice in the wonderland, 2018).

La música no pudo escapar a esta seducción y, empezando por casa, para su tema Alicia en el país (1980) el grupo argentino de rock Serú Girán se inspiró en el personaje creado por el matemático y filósofo inglés Lewis Carroll; sin embargo, la canción trata de una Alicia no tan divertida que habita en un país donde, por entonces, todo relato se había terminado, como dice la letra: “no cuentes lo que hay detrás de aquel espejo… no cuentes lo que viste en los jardines, el sueño acabó.”

Pocos años después, Marta Lambertini (1937-2019), una de las pocas compositoras argentinas de ópera, pone nuevamente las cosas en su lugar pues devuelve a Alicia a su país maravilloso en Alice in the Wonderland (ópera de cámara en un acto, 1989) y la hace mirarse otra vez en el espejo en Alice through the looking glass (fantasía lírica o teatro musical para ocho cantantes y dúo instrumental, 2015); ambas obras homónimas del primer y segundo libro (1865 y 1871) de Carroll respectivamente. Esta autora reconoció que le fascinaba el disparatado contenido en los relatos: “El hecho de poder mantener una seria discusión sobre lingüística con un huevo que parece saber mucho del tema, o con una muy filosófica oruga, rebasa toda expectativa sobre el absurdo. En ese lugar elijo vivir.” En sus libretos, Lambertini jugó con una mezcolanza de lenguaje y giros idiomáticos muy divertidos (“arrollados, arrodillados, arrolladitos…arroyitos!”) e incluyó al propio Carroll como personaje.

No sólo la ópera en Argentina reparó en este complejo cuento de la época victoriana ya inserto en la cultura de occidente; en México, el compositor Federico Ibarra escribió Alicia (1995) junto al libretista español Juan R. Enríquez. Se trata de una ópera en dos actos en la que confluyen las aventuras de los dos libros; cuenta con una colorida instrumentación, música variada y ágil puesta en escena con una actriz, solistas y coro. Están presentes los entreveros verbales, las situaciones contrastantes y la tensión dramática.

Lejos de Latinoamérica, la compositora surcoreana Unzuk Chin eligió las andanzas de Alicia para su primera obra escénica porque reconoce que “Mi música es un reflejo de mis sueños”; así, compuso Alice in the wonderland, una ópera en ocho escenas de 2007 con libreto en coautoría con David H. Hwang. Tomó contacto con el texto cuando adulta y decidió basarse en él para escribir una obra para orquesta numerosa, de nutrida percusión y con la participación de solistas, coro y coro de niños; la música recupera estilos diversos del pasado y presente y su libreto tiene guiños a la contemporaneidad. Para la puesta en escena de su estreno, se optó por simular un teatro de marionetas y cabezones que refuerza la idea de extrañamiento onírico y conserva el sentido del humor.

A mediados del s. XIX, Carroll ideó un universo de aventuras extrañas en lugares fantásticos y con personajes extravagantes que puede parecer, en una primera lectura, un sinsentido; sin embargo, tiene su propia e intrincada lógica y se abre a muchas interpretaciones. Así, todo parece indicar que las historias de Alicia seguirán alimentando otros relatos y formas de arte pues, como dijo Jorge L. Borges: “Esos sueños forman parte de nuestra felicidad; ojalá compartan esa felicidad quienes, más allá de los años y la repetida vigilia, siguen, como yo, volviendo sus páginas.”


Imagen: The New York Times

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