TODO DA VUELTAS COMO UNA GRAN PELOTA.


Así dice F. Paez en la letra de su canción “Giros” (1985) y se aplica a personas y personajes viajeros que en esta historia tendrán otros aspectos en común: la humildad y pobreza final, la fascinación por lo lejano y distinto y, principalmente, la errancia. Hay un nombre de ficción para este mundo trashumante y es “Kalender”, antigua designación para los monjes del pensamiento Sufi que peregrinan en vez de llevar una vida monástica; ellos tienen la característica de orar mientras giran sobre el eje de su cuerpo acompañando la música de la ceremonia ritual. Llamados derviches, son una antigua orden originaria del actual territorio de Turquía cuya cultura oriental fascinó a los artistas que pudieron tener contacto con ella, tal el caso del compositor ruso Rimsky Korsakov (1844-1908) que fue, además, un oficial naval y un enamorado del mar; realizó extensos viajes en los que escuchaba músicas nuevas y las incorporaba a su repertorio en una mezcla de exotismo extranjero y folklore ruso. Muestra de ello es “Sherezade” (op.35, 1888), suite sinfónica en cuatro partes inspirada en la milenaria compilación de cuentos orientales “Las Mil y Una Noches”. Es importante aclarar con las propias palabras del compositor que su intención distaba mucho de describir musicalmente sucesos: “Es en vano el buscar leitmotivs siempre vinculados a tales imágenes… no son más que materiales puramente musicales para el desarrollo sinfónico. Estos motivos pasan y se extienden por toda la obra, uniéndose sucesivamente y entrelazándose. Aparecen cada vez bajo diferente luz, mostrando cada vez distintas características y expresando nuevas situaciones, y corresponden cada vez a imágenes y cuadros diferentes”. El segundo movimiento se llama “Las Aventuras del Príncipe Kalender” y cualquiera sea la épica en la que se haya inspirado Rimsky es característico en ellas la inclusión de un pasaje de la riqueza a la pobreza y al nomadismo, como la transformación de los monjes giradores.

En los inicios del s. XX las tensiones políticas hicieron difíciles los últimos años de Rimsky a la vez que se cumplía su sueño de internacionalizar la música rusa: entre otras obras, Europa conocía “Sherezade” en versión ballet de la mano de la compañía “Los Ballets Rusos”. También por entonces nacía en Italia un gran pianista llamado Marcello Boasso (1902-1960), otro incansable peregrino que abandonó su confortable vida por un incierto destino siempre ligado a la música. Famoso en toda Europa como intérprete llegó a la Argentina y al resto de América en una exitosa gira entre 1922 y 1923. Sin embargo, tuvo intereses que estaban lejos del prestigio artístico: de vuelta a su país, en 1928 un hecho fortuito lo llevó a tomar contacto con el mundo de los reclusos y así comenzó su deambular por las cárceles de Italia con un piano montado en la caja de un camión tocando, literalmente, para un público cautivo. Desató fuertes críticas y clima adverso por lo que decidió emigrar a Buenos Aires en 1938; es entonces cuando nace el mítico personaje “Príncipe Kalender”, apodo con el que se hizo conocido como pianista y compositor de valses y canciones para piano (incluida la mayoría de las letras) que fueron éxitos de la época: “Vals del Recuerdo”, “Vals Romántico” (o “El Testamento del Amor”).

Amaba el mar, como Rimsky, y la costa atlántica; vivió en Mar del Sud (localidad entre Miramar y Necochea) y llegó hasta Bahía Blanca con sus conciertos. No se sabe por qué eligió este país, pero su vida en la Argentina nunca tuvo el reconocimiento y la opulencia de la época europea y tampoco se saben las razones del apodo, ninguno más acertado para resumir su vida. Recientemente, su música es de interés crítico y musical: en 1975, el compositor argentino Eduardo Kusnir (1939) incluyó un pasaje del “Vals Triste” (o “La madre inmortal”) a modo de cita en su premiada obra electroacústica “Orquídeas primaverales.

Músicos peregrinos y monjes trashumantes son personajes de todas las épocas quienes, cual “kalenders”, giran por el mundo al son de músicas sin cadencia y al tiempo de valses, como las vueltas de la danza en las que la música se resignifica.

Imagen: Príncipe Kalender.

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