NO SE PUEDE HACER MÁS LENTO

13/03/2018

El placer que provoca cierta música que tal vez ya conozcamos de memoria nos impulsa a escucharla una y otra vez por el solo hecho de revivir esa emoción, desafiando así la fugaz naturaleza del sonido; en cada interpretación la música vuelve a existir del mismo modo que, en manos del mago, los trucos vuelven a cautivar al público en cada función. La ilusión y el sonido son efímeros pero la fascinación por ellos acompaña la historia del hombre.

El gran René Lavand (1928-2015), el “Mago Manco” de Tandil, en sus números de ilusionismo con barajas trataba de extender en el tiempo el mágico momento del engaño moviéndose lo más lentamente posible. A simple vista resulta una paradoja empujar la magia al borde del descubrimiento, pero él lo hizo: logró que la lentitud no levantara el último velo que protegía el truco y atrapaba la fantasía.

También, el artista  John Cage (E.E.U.U., 1912-1992) se movió entre la magia y la imaginación, al punto que en su época muchas de sus ideas parecieron cándidas fantasías, un espejismo, sin embargo, tan poderoso que al presente no ha cesado de conmocionar al arte. Una de sus propuestas fue una obra que se interpretara sin otra indicación de tiempo más que AS Low aS Possible; se trata de una partitura en notación espacial original para piano (1985) y luego transcripta para órgano (1987) con cinco claves de sol y fa. Se han hecho diferentes intentos de interpretación desde entonces: en vivo con duraciones que varían entre los veinte minutos y las catorce horas (versión de setenta minutos en https://youtu.be/2xXriZReC54) extendiendo todo lo humanamente posible sonoridades y silencios y, ya en pleno s.XXI en manos de la informática, se realizó una proyección que alcanza estimativamente los mil años de duración.

A fines de los años noventa en un congreso de intérpretes, musicólogos y organistas se trató el tema de cuánto es lo más lento posible que se puede tocar en un órgano y como resultado de sus investigaciones y puesta en acción, la obra comenzó a “interpretarse” el 5 de septiembre de 2001 -y continúa- en un órgano ad hoc en la Iglesia de Halberstadt. Se eligió este lugar de Alemania porque allí - según cuenta el tratado de M. Praetorius- se construyó el primer gran órgano del mundo con doce teclas por octava que fue preservado por 639 años; el tiempo de vida de ese órgano se tomó en cuenta para sugerir la duración de ORGAN2/ASLSP, como se conoce a la obra y que, dependiendo de muchas otras variables, finalizaría en el año 2640 (sitio oficial: www.aslsp.org). El conteo comenzó incluyendo el silencio inicial de diecisiete meses y para cada cambio de acorde -once en la última década- se mueven pesas y se añaden o quitan tubos lo que resulta un evento de interés mundial (https://youtu.be/30GzB2VHv_w); el próximo cambio se producirá en el 2020  pero ya se agotaron las entradas hasta el 2091.

El pensamiento de Cage no se dirigía al evento y la convocatoria, mucho menos al estado de expectación que rodea cada cambio en la obra, sino por el contrario a la paz espiritual que brinda la vibración, a la meditación y el aburrimiento para encontrar el  camino interior y descubrir la propia genialidad, “la simplicidad externa, que cobija una gran complejidad interna” como sintetizaba Lavand.

Cage redobló la apuesta en todo sentido pues separó la existencia de la obra de sus necesarias reproducciones, desligó la composición de la direccionalidad de un procedimiento formal con tensiones y clímax y sometió la música a una lógica temporal que hasta entonces le era ajena; buscó desde los años ‘60 “música sin medición, sonido que va atravesando circunstancias” y la concretó ni más ni menos que a través de lo más volátil, el sonido y de lo más frágil, el silencio. Puede decirse que Cage enfrentó la paradoja temporal de lo evanescente y lo duradero invirtiendo los elementos: ahora la vida es breve y el sonido pervivirá por generaciones.

Imagen: Lissenup729 × 379

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