Cuestiones y asuntos musicales, anécdotas, casualidades que suceden e inciden en el recorrido y la obra de un compositor. Esta es una breve guía que se irá completando a través del tiempo, apelando al oportunismo de los años y de las fechas trascendentes en el universo musical. Leticia Molinari no sólo nos invita a atravesar una galería de imágenes emblemáticas, sino también a escuchar historias que a veces suenan raro.

EL PROBLEMA ES LA DANZA

Las prohibiciones aplicadas al arte en general no han desconocido épocas. Al volver la vista hasta las más lejanas épocas de las que se tiene registro, se observa que ininterrumpidamente han habido diferentes censuras para las más diferentes formas artísticas y por las más diversas razones entre las que se nombra reiteradamente la acusación de obscenidad y de ofensa a personas, instituciones o creencias. La música no quedó fuera de esta historia, ni siquiera las obras puramente instrumentales, como sucedió en la Alemania nazi con gran parte de la producción posterior a Johannes Brahms (1833-1897) y, en especial, con el repertorio escrito por autores judíos cuya lista se publicó en 1938 bajo

¡Aplausos por favor!

Dicen que… …es un bochorno aplaudir donde “no corresponde” en un concierto y, en caso de hacerlo, sólo queda ampararse en el anonimato de la oscura sala. Este mal momento se puede evitar leyendo en el programa de mano la cantidad de partes que tienen las obras, ahora bien ¿no distrae más ese conteo que la interrupción espontánea de palmas y vítores? Para Berlioz no, y avergonzaba al efusivo oyente gritándole: “el cielo confunda a los músicos que me privan del placer de oírle a usted” (anécdota durante la Obertura de “Alceste” de C. Gluck. Pero disfruten tranquilos porque… ¡eso fue hace más de un siglo! Texto: Leticia Molinari. Imagen: Vecteezy Idea: R Producciones Culturales. Bahía Blanca,

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